22 de agosto de 2011

El debate ausente

César Said Rosales Torres

CIDE

El presente ensayo expone únicamente la necesidad de realizar en México el debate político sobre las necesidades administrativas del gobierno, de acuerdo con el contexto específico del país. Para ello, el texto se basa en el caso de Estados Unidos como ejemplo de una nación que constantemente ha adaptado sus formas de gobierno en función de sus necesidades administrativas y políticas, así como del cambio en su entorno. Posteriormente, el escrito argumenta que en México el proceso de adaptación administrativa estuvo limitado durante setenta años por las estructuras corporativistas y clientelares del sistema político, propiciando cambios y ajustes mínimos en la administración pública. Finalmente, el texto concluye que la llamada transición política es una oportunidad para enriquecer el debate administrativo, debido a la inclusión de nuevos actores e ideas.

Estados Unidos es el ejemplo de un país que ha reformado de manera continua sus estructuras gubernamentales y administrativas, en función de las demandas sociales de momentos determinados (Barzelay, 1992, p.4). Una de las transformaciones más críticas tuvo lugar a finales del siglo XIX, cuando el país pasó de ser una sociedad primordialmente agrícola y descentralizada a una esencialmente urbana, industrializada y de carácter nacional (Barzelay, 1992, p.4). Este cambio forzó al gobierno a buscar formas adecuadas para satisfacer las necesidades sociales del momento, por lo que los reformistas estadounidenses plantearon la posibilidad de administrar al país mediante un sistema burocrático[1] (Barzelay, 1992, p.4).

No obstante, a comienzos de la década de los 30, este paradigma burocrático[2] comenzó a ser duramente cuestionado por intelectuales y gobernantes, al no responder de forma adecuada a las demandas sociales generadas por la crisis económica de 1929 (Barzelay, 1992, p.6). Las críticas se centraron en la necesidad de reconsiderar los supuestos básicos y los conceptos empleados por el sistema burocrático, a la luz de nuevas consideraciones sociales ampliamente aceptadas en términos de justicia y equidad (Wamsley, 1990, p.51).

Como consecuencia de este cambio contextual, se llevó a cabo una discusión que generó las alternativas teóricas y conceptuales al paradigma burocrático. Esta discusión se entiende básicamente como un proceso argumentativo propio de los sistemas de gobierno democráticos, donde la argumentación y la persuasión orillan a los ciudadanos y gobernantes a elegir determinadas políticas (Majone, 1997, p.36). En ese sentido, de acuerdo con Tom Christensen, la hechura de políticas en un contexto democrático debe ser un proceso discursivo y transformador, es decir, un debate público que coadyuve a la prueba, modificación y desarrollo de valores, actitudes y expectativas orientadas a la satisfacción de demandas sociales específicas (Christensen, 2007, p.12). Asimismo, Arellano agrega que los cambios o reformas administrativas dependen básicamente de la inteligencia para enfrentar problemas específicos, así como de las herramientas adecuadas para la transformación de aparatos administrativos en contextos determinados (Arellano, 2004, p.42).

A partir de todo ello, se infiere que los cambios y las reformas administrativas son resultado particular del proceso de discusión y argumentación propio de cada país. La medida en la que se genera un cambio mayor (paradigmático) o un cambio menor (conceptual) en la teoría y aplicación de la administración, depende de la definición de la situación en términos de problemas o condiciones (Barzelay, 1992, p.21). Para Barzelay, los cambios mayores implican la existencia de problemas que pueden ser modificados, a diferencia de los cambios menores, en los que las reformas administrativas son adaptaciones a las condiciones establecidas (Barzelay, 1992, p.22). Esto significa que en los países democráticos, la discusión institucionalizada sobre las necesidades administrativas del gobierno constituye el material teórico necesario para generar cambios tanto paradigmáticos como conceptuales, necesarios para el desarrollo de la administración.

No obstante, en México no han existido las condiciones políticas e institucionales para que tal discusión se lleve a cabo de forma plena. La razón se encuentra en los más de 70 años de corporativismo del Partido Revolucionario Institucional. Durante este periodo se instauró un sistema de intercambio de bienes económicos, políticos y legislativos entre el Estado y determinadas organizaciones clientelares, denominado “corporativismo” (Casar, 1991). Este sistema, caracterizado por aglutinar a los individuos en organizaciones sociales sobre las que el Estado ejercía autoridad y control, y que funcionaba como un vínculo estable entre la sociedad y el Estado, tenía por objetivo principal mantener la estabilidad del gobierno (Casar, 1991). En efecto, los mecanismos administrativos estaban diseñados para lograr la estabilidad y crecimiento económico del país a través de las negociaciones con los grupos clientelares (Casar, 1991). Así, el sistema permitía pequeñas adecuaciones y cambios menores en la administración, pero excluía a todos aquellos actores sociales que no formaban parte de esa estructura (Casar, 1991). La exclusión de los demás actores sociales, políticos y administrativos, limitaba el proceso de discusión institucional democrática, lo que admitía cambios menores o conceptuales a la administración, pero no cambios mayores o paradigmáticos sobre el proceso de gobierno. Además, según Arellano, durante ese periodo se dejaron de lado conceptos como: el servicio civil de carrera; los mecanismos de vigilancia apoyados en medios de comunicación, academia y sociedad; así como mecanismos diferenciadores entre decisiones legislativas y el diseño de políticas (Arellano, 2004, p.38).

De acuerdo con María Amparo Casar, el sistema corporativista en México comenzó a mostrar signos importantes de deterioro durante el gobierno de Miguel de la Madrid, ya que la crisis económica limitó de manera importante el intercambio entre el Estado y sus organizaciones clientelares (Casar, 1991). Desde entonces, este desgaste ha permitido una lenta pero constante inclusión de actores en la arena política, lo que ha enriquecido el debate administrativo. Por esa razón, resulta fundamental aprovechar el impulso de la llamada “transición democrática”, con el objetivo de hallar los mecanismos institucionales y democráticos que garanticen la inclusión y participación permanente de todos los actores sociales, gobernantes, legisladores, expertos y administradores en la modelación de teorías y perspectivas particulares sobre la administración pública nacional. Sólo a través de mecanismos nacionales de discusión y argumentación será posible encontrar una teoría “hecha a la medida” de las necesidades administrativas del país, y de acuerdo con el contexto específico que se presente.

Bibliografía

Arellano, D. (2004). Nueva gestión Pública: ¿dónde está lo nuevo? Bases para el debate de la reforma administrativa, en Arellano, D. (Coord.) Más allá de la reinvención del gobierno: fundamentos de la Nueva Gestión Pública y presupuestos por resultados en América Latina. (pp. 13-47). México: M.A. Porrúa

Barzelay, M. (1992). Breaking through bureaucracy. Berkeley, CA: University of California Press. (pp. 3-33)

Casar, M. (1991). ¿Qué será del corporativismo mexicano?. Nexos. Recuperado el 9 de julio de 2011 de http://www.nexos.com.mx/?P=leerarticulov2print&Article=268705

Christensen, T., Laegrid, P., Roness, G.P., y Rovik, K.A. (2007). Organization theory and the public sector: instrument, culture and myth. Abingdon, Oxon – New York: Routledge. Cap 1. (pp. 1 - 19)

Majone, G. (1997). Evidencia, argumentación y persuasión en la formulación de políticas. México: FCE. Capítulos 1 y 2 (pp. 35-79)

Wamsley, G. et al. (1990). Refounding public administration. Newbury Park, CA: Sage. Cap 1. (pp. 31-51)



[1] Sistema de organización jerárquica, en la que las decisiones se deben tomar bajo criterios objetivos, los puestos deben estar ocupados por individuos con capacidades técnicas específicas, los sistemas de control fiscal y de rendición de cuentas deben ser confiables y existe un ejercicio impersonal del poder y de autoridad (Barzelay, 1992 pp.3-5).

[2] Hábitos de pensamiento y sistema de creencias que sustentan el sistema burocrático (Barzelay, 1992, p.5).

10 de febrero de 2009

Ricardo III de Shakespeare, Ética y Política

“(…) Mientras se esté sometido al caos de los deseos, con sus permanentes esperanzas y temores, no será posible alcanzar nunca un estado de felicidad o paz duradero”

Arthur Schoppenhauer

 

Ética y Política

La relación que existe entre la política y la ética siempre ha sido motivo de debate intelectual, pues su combinación presenta una serie de paradojas inconmensurables y difíciles de comprender para el pensamiento subjetivo, humano. Es, por tanto, propósito de este ensayo presentar una visión muy personal sobre su correlación. La obra particular que se analizará es Ricardo III de Shakespeare, donde el personaje principal, el Duque de Gloster luego Ricardo III, se vale de todos los medios posibles (engaños, mentiras, asesinatos, manipulación, traición, entre muchos otros) para alcanzar su objetivo: ser rey. Durante la narración se explica el auge y caída del maquiavélico personaje, que se deslinda casi por completo de todo límite moral desde el punto de vista occidental tradicional. En consecuencia, se da origen a la eterna pregunta para los tomadores de decisiones, ¿El fin justifica los medios? Mi respuesta es no, me explico:

 Desde Aristóteles hasta Popper, pasando por Spinoza, Hobbes, Kant, Locke, Rousseau, Hegel y Marx, por mencionar algunos, se ha procurado divisar la manera en que el ser humano se desenvuelve en sociedad. El estudio del desarrollo social y político de la humanidad se ha vuelto el eje central de muchas teorías que encuentran sus bases en diversas concepciones sobre la naturaleza humana y/o su condición. Es así que surge un relativismo conceptual difícil de entender. Se vuelve difícil porque, casi siempre, se presta a interpretaciones, por ejemplo: La voluntad de ganar, de competir, de demostrar ser mejor, y de perseguir el interés propio, que pertenecen a una parte de la condición humana, en ocasiones se confunden con el complemento de la misma condición que es la avaricia[1]. Para el caso de Ricardo III, uno podría pensar que la persecución de los deseos de Ricardo es legítima, pues se relacionan con la primera parte de la condición humana previamente mencionada, sin tomar en cuenta el umbral en el que se vuelven contrarios a lo que se considera bueno o malo en términos de una sociedad regulada por leyes.

Es aquí donde conviene matizar algunos conceptos. Existen tres niveles en los que el ser humano tiene un diferente acercamiento a la normatividad, y por tanto, una diferente relación entre sus deseos y los medios que utiliza para alcanzarlos. El primero de ellos, como individuo, debe seguir una serie de reglas establecidas por el Estado en el que vive. Parte de la teoría contractual establece que el individuo cede al Estado algunas de sus libertades como persona con tal de que este le provea de seguridad. Así se establece el marco normativo capaz de ejercer coerción sobre los individuos que trasgredan las leyes. El segundo nivel es el grupal, donde el individuo pertenece a alguna asociación, comunidad, grupo, o sindicato que tiene sus propias reglas, pero que además se subordina, en la mayoría de los casos, a una autoridad superior ya sea el Estado, una organización trasnacional, organismos intergubernamentales, etc. Finalmente, el tercer nivel es el Estado dentro de la comunidad internacional. A diferencia de los otros dos, en este nivel el Estado no se somete a ninguna autoridad superior que tenga capacidad de coerción, es por eso que se le denomina anárquico.

La diferencia es clara, pues en los dos primeros niveles existe coerción para aquellos que violentan las leyes, mientras que en el último solo es aplicable el concepto de sanción. De esta forma, desde el punto de vista legal, la persona tiene diversas formas de relacionar sus acciones con sus deseos, es decir, qué puede hacer o qué no para lograr sus objetivos. Parte de la lógica detrás de la normatividad se basa en las actividades que dichas sociedades consideran como perjudiciales o no para la nación. Por lo tanto, como es bien sabido, y sin pretender alcanzar universalismos absurdos, toda sociedad organizada en leyes posee una carga moral en su derecho. Todo esto para decir que, en los diferentes niveles de normatividad a los que se expone el individuo, hay de antemano un marco legal que limita sus actividades, impidiendo que realice lo que le plazca. Para los casos en los que la normatividad no impone ni sanciones ni ejerce ningún tipo de coerción sobre el transgresor, el único límite que existe para el individuo es su moral.

Un mundo en el que todos son transgresores de las actividades que comúnmente estaban normadas por la costumbre o por ciertos criterios de observación continuada, es un mundo caótico. Se obtendría un efecto similar al dilema del prisionero, en el que si todos los individuos pretenden maximizar su ganancia, en realidad aumentan su pérdida. Tal mundo es imposible, aquel supuesto es perfectamente ficticio, pero su condición de irrealizable no justifica que cada quien busque su propio interés sin importar las consecuencias.

En el caso de Ricardo III, observamos un individuo que pretende alcanzar un capricho sin importar los medios por los que se obtenga, sin importar el costo de dicho deseo. Es verdad que en la realidad tal personaje existe, y que representa el choque entre lo ético y la política, pero qué pasa cuando el fin no es un mero deseo, sino una necesidad, un objetivo noble, justo, necesario para la vida. Desde el punto de vista de la legalidad existen dos mecanismos mediante los cuales tal paradoja es resoluble. El primero de ellos es la jurisprudencia, que son las reiteradas interpretaciones de las normas jurídicas, y por lo tanto un medio de flexibilidad de la ley dependiendo del caso. El segundo es la figura del juez, quien interpreta la ley, y emite su veredicto. Para los casos en los que la ley no es aplicable, y sin embargo se debe tomar una decisión en la que se contravengan los principios éticos con tal de alcanzar un objetivo noble, el costo de los medios debe ser analizado. Es imposible determinar en qué casos se puede o no incurrir en tal costo, pero debe existir una evaluación previa por parte del que tomará la decisión. En caso de no hacerlo no se incurre en una falta ética, simplemente se aumenta el riesgo del fracaso, es decir, de que el costo de tal actividad sea mayor al beneficio potencialmente obtenido.

Para concluir, la ética universal no es subjetiva, sería peligroso si así fuera, pues sería un concepto homogeneizador, estandarizador y paradójicamente, deshumanizador. Tal concepto no existe, más bien la ética es particular y conserva siempre aquella unidad subjetiva. Es así que surge la maravilla de las diferencias, de las culturas, de la pluralidad, de las percepciones, del diálogo y del debate, del enriquecimiento. Quebrantar tal equilibrio mediante la persecución desmesurada de los deseos, de los objetivos o de las ideas equivale a imponer condiciones, a la tiranía. Tal vez la ética en la política reside en respetar las libertades de los demás, tal vez no, quizás la política en la ética consta de la persecución del interés propio, seguro sí, cómo se alcanza [el interés propio] es muy distinto y no siempre se justifica.



[1] De acuerdo a la Real Academia Española se define como: Afán desordenado de poseer y adquirir riquezas para atesorarlas.

Zen

 

De acuerdo con la teoría cuántica, se podría decir que desde la aparición del hombre en la tierra todas sus actividades potenciales ya estaban determinadas, la historia se había configurado en todas sus posibilidades y, a lo largo del tiempo, el hombre simplemente descubriría su destino. Pero en 1927 Heisenberg descubrió el principio de incertidumbre, que no solamente puso en evidencia la imperfección del pensamiento humano, sino que encontraría en él una de las últimas barreras de la naturaleza. El descubrimiento significó, en términos filosóficos, un argumento en contra del determinismo racional, en favor del libre albedrío. El hombre ya no descubriría más su propio destino, lo construiría a partir de su voluntad, ahí radica el Zen.

Personalmente, y me atrevería a afirmar que no soy el único, encontrar las aplicaciones de aquello que pertenece a la unidad del todo, del universo, resulta un intento improductivo para el esfuerzo de la razón. La ciencia lo ha demostrado una y otra vez: Newton creyó haber encontrado la fuerza que regía a todos los cuerpos del universo, llegó Einstein y lo refutó con su teoría de la relatividad general, a su vez Einstein creyó haber encontrado en la teoría del campo unificado la razón del mundo físico; él mismo se refutó. Así que tal vez yo mismo falle en este intento, sin embargo, que sea improductivo para la razón no significa que no tenga sentido para nuestra vida, por el contrario, representa aquella fuerza que configura todo, el equilibrio, la voluntad.

La voluntad entendida como el ímpetu que poseemos para tomar decisiones, para elegir entre hacer o no hacer, estar o no estar, ser o no ser, y cambiar toda la configuración del universo con conciencia pero sin conocimiento. Basar las decisiones en los principios de sabiduría, amor, y voluntad permiten establecer una mejor relación entre nuestra existencia y la de los demás. En ocasiones se piensa que pasar desapercibido es no alterar el orden existente y respetar el equilibrio que tienen las cosas. No obstante, este pensamiento es doblemente falso, pues en primer lugar, la mera existencia es una forma de alteración de la estructura de la que ya somos parte, y en segundo, no se trata de pasar desapercibido, sino de respetar y de tener conciencia que somos un elemento importante de aquella única constante universal, el cambio.

Que tengamos la posibilidad de elegir una opción particular dentro del abanico infinito de posibilidades de acción, la vuelve especial. Es una situación tan común que no se le da la menor importancia, y es que tal vez no la tiene. Cargar de valor el concepto de elección, sería el equivalente a reducir todo el universo a un par de conceptos. Entonces, ¿qué sentido tiene? es la pregunta. Ninguno, basta con intentar dejar de racionalizar tales conceptos para comprehender.

Es probable que antes de acercarme a este concepto tan profundo que atañe a la existencia no haya sido consciente de que en alguna medida, de alguna manera, en algún lugar, quizá siempre he sido partidario de dicha noción, pues como dirían los que saben de esto, uno siempre es parte del Zen le guste o no, lo sepa o no.

Y es que la cantidad de ocasiones, vivencias, pensamientos, palabras, personas, tiempos y espacios que recuerdo cada vez que pretendo enlistar la forma en que el Zen ha estado presente en mi vida es interminable. El Zen es un concepto omnipresente, pues por definición, se involucra con todo lo que es, no es, será y ha dejado de ser. Eso es lo que le otorga un cierto grado de universalidad, es decir, la relación íntima que guarda con las causas y los efectos más recónditos del tiempo. Es un principio, que sin confundirse con máximas morales, es el rector de todo el orden y el caos. En ese sentido, todo actúa de acuerdo con ese principio.

Existe una teoría desarrollada por científicos estadounidenses que plantea la eventual unión de todos los cuerpos del universo a causa de la gravitación. Pruebas conseguidas a través de la observación del movimiento de las galaxias verifican esta hipótesis. Entonces, dice el astrónomo ingles S. Hawking, el tiempo se detendrá a causa de la falta de movimiento como referente del cambio, y surgirá un nuevo espacio-tiempo a partir de un nuevo Big Bang, incluso varios. Hay muchos espacio-tiempos que se crean y desaparecen como burbujas en una gaseosa. Es probable que este momento que vivimos ahora, según esta teoría, ya haya sucedido, una, dos, tres, cuatro, o mil veces[1].  Ese proceso es parte del Zen, que sin lugar a dudas tiene una fuerte incidencia en la existencia de cada uno de nosotros, y de nosotros en él. El tiempo pasará, nosotros ya no estaremos físicamente para ser testigos de tan espectacular acontecimiento, tal vez nuestro andar por aquí no se note, quizá nuestras fuerzas se fundirán con el resto del universo, nuestras memorias se borrarán, pero algo es seguro, se percibirán.



[1] Cierro los ojos y veo una bandada de pájaros. La visión dura un segundo o acaso menos; no sé cuántos pájaros vi. ¿Era definido o indefinido su número? El problema involucra el de la existencia de Dios. Si Dios existe, el número es definido, porque Dios sabe cuántos pájaros vi. Si Dios no existe, el número es indefinido, porque nadie pudo llevar la cuenta. En tal caso, vi menos de diez pájaros (digamos) y más de uno, pero no vi nueve, ocho, siete, seis, cinco, cuatro, tres o dos. Vi un número entre diez y uno, que no es nueve, ocho, siete, seis, cinco, etcétera. Ese número entero es inconcebible; ergo, Dios existe.
Jorge Luis Borges, Argumentum ornithologicum.

19 de octubre de 2008

Neoconservatives in the U.S.

Les pongo de nuevo otro de mis artículos esritos en inglés. Me parece que este mejora la calidad del pasado en cuanto al análisis. Sin embargo, hay elementos que hace falta incluir para comprender en su totalidad la lógica neoconservadora en Estados Unidos. Pronto publicaré la versión plus de este artículo, donde se incluyen todos los elementos que se omitieron por cuestiones de espacio. Espero que sea de su agrado.

The Rise of the Neoconservatism in U.S. Foreign Policy post 9/11

Neoconservatism is a political philosophy that has acquired high importance is the United States during the second Half of the 20th century. This philosophy is made out of a set of doctrines, values, and principles that provide legitimacy to the decision-making process of the American government in both, domestic and external affairs (Parraguez, 2007, p. 226). An example of these three pillars of the neoconservative thought is Manifest Destiny, western liberal democracy, individualism, Bush doctrine (preemptive-war), and neo-liberalism. The very birth of Neoconservatism is traced back to a group of American intellectuals known as “New York Intellectuals”. Most of them are descendants of Eastern European Jewish families like Daniel Bell, Nathan Glazer, Irving Howe and Irving Kristol (Parraguez, 2007, p. 236). This group of elite scholars find that the best path for American domestic and international policies are deregulation, spreading of free markets, tax cutting, and more individual freedom (Parraguez, 2008, p. 96). Another common element of these academics is that most of them, at least in the first generation, were Trotskyites during the 1970’s, this is partly because Trotskyism was opposed to Stalinism and therefore the Soviet Union (Kristol, 2003, p. 1). Nevertheless, even though most of the first generation neoconservative members had a leftist background, they changed their positions to a more fundamentalist right-wing orientation because, as it is often used to describe this change, they were “mugged by reality”. This means that most of the left-wing policies were no longer suitable for American “interests”, such as the welfare state, strong governmental intrusion, and collective consciousness (Kristol, 2003 p. 35). The first neoconservative, or at least the most oriented to this ideology, was Ronald Reagan. He believed that a strong military would guarantee the U.S. the essential superiority needed during the Cold War, in order to maintain economic influence on the globe (Parraguez, 2008, p. 95).

This strong and broad heritage from the first crew of neoconservatives gave birth to two more generations of neoconservative individuals. The most recent generation is “on the making” and has been shaped strongly by the 9/11 events. After the downfall of the Soviet Union, the U.S. had to find another major threat in order to legitimize its unilateral actions for the sake of steady economic growth, this new threat was terrorism. As William Kristol and Robert Kagan state “the task for America… [is] preserving and reinforcing America’s benevolent global hegemony” (Kristol & Kagan, 2004, p. 55). As it is known most of Bush 2000 cabinet was linked, directly or indirectly, to neoconservative people that thought the best road for America to follow was military unilateralism. Some of this people involved were Norman Podhoretz, William Kristol, Robert Kagan, Douglas Feith, Paul Wolfowitz, Richard Perle, Charles Krauthammer, and David Horowitz (Parraguez, 2007, pp. 241-244). The central element for U.S. foreign policy was to “prevent” major threats, and “rouge States” from opposing liberal and democratic values on the globe. This meant that the U.S. as the sole hegemon had the right to protect herself, and it allies by intervening militarily on every dangerous non-democratic nations (with high amounts of oil and gas) as Iraq and Afhganistan, as well as North Korea, recently eliminated from the “Axis of evil”, and Iran (Boot, 2004, p.49). In this sense, neoconservatives differ from conservatives regarding the use of force. For the neoconservatives, military action must take place on every case, while as for the conservatives; military intervention should be selective (Parraguez, 2007, p.237). As previously shown, neoconservative thought has been dominant for U.S. foreign policy after 9/11 events, and was based upon false legitimacy, that is, based on the permanent fear of the American inhabitants and the world to be target of a terrorist attack. This has consolidated, at least in the short run, the neoconservative position and relevance within the dominant political sphere. Thus, if they are to preserve this privileged position, they must run fundamental reforms.

Challenges to the 21st Century for the U.S. Foreign Policy

There are two basic challenges that, from the neoconservative perspective, are to be overcome. These two elements are a) the need for better and stronger legitimacy and b) the conciliation of elemental contradictions of neoconservative policies with democracy. These elements are of high priority for the neoconservative thought, for it must adapt to the new world circumstances produced after the financial crisis of 2008. After the worst financial turmoil in more than 79 years, the U.S. had to change its completely neo-liberal approach to a more socialist-like one, by which government plays a central role in preserving the basic financial institutions from bankruptcy. In this new era, big firms will play a smaller role, and government will have to pose a stronger regulatory apparatus on the financial sector. This will represent a huge threat on credibility and legitimacy of the neoconservative approach that may be surmounted if actions are taken in the following areas.

a) Legitimacy for neoconservatives has not only emerged out of the principles, values and doctrines mentioned above, but also from power and intelligence (think tanks). As C. W. Mills writes, there are three types of power used by the decision-making ruling elite. These three sources of power are physical, authority, and manipulation (Parraguez, 2007, p. 232). Neoconservatives have used these elements of power as artificial means of legitimacy. It is clear that all of these sources have been used by neoconservatives, but it is of particular interest the second and the third one. The second establishes a hierarchical structure of obedience, which breaks the very fundamental contract in a democracy, which is representation. One might argue that representation does take place in American soil, since the president, who takes the most important decisions, is democratically elected. However, this is partly true. How democratic is a country in which representation takes place by media manipulation, and fear? How democratic is country that only represents the military-industrial complex interests by dogma and rhetoric? The answer is that this country lives in an illusionary democracy, ruled by lies and Conspiracy. The most crucial contradiction is that individual liberty is gained by the suspension of civil liberties (Patriot Act of 2001) (Parraguez, 2007, p. 96). Therefore, this means that individualism is truly enterprise individualism.[1]

b) Contradictions not only take place on legitimacy, but also on credibility and trust on the international arena. After Afghanistan, Iraq, and the financial crisis of 2008, the U.S. began to lose trust among most of its allies. The neoconservative “way” of politics resulted too idealistic, too fantastic, too hard, and too ambitious. The world realized that democratic principles are not necessarily linked to free markets and brutal deregulation. The binary vision of people like Irving Kristol that reduced the world to enemies and friends turned to be too primitive. If the neoconservative leaders are willing to preserve their position, they must begin with serious insights of what is wrong about their vision of the world, perhaps they will notice that a fundamental change is needed. The need for more sophisticated policies that conciliate private and public interests concern not only neoconservatives, but every school of political thought. This is the truly essence of political harmony and economic development. This is where true consensus and legitimacy are founded. The financial crisis experienced in the past months is a red light, a warning. Hopefully, this time, neoconservatives will in fact be mugged by reality.

 

Bibliography

Boot, M. (2004). Myths About Neoconservatism. In I. Stelzer, Neocon Reader. New York: Grove Press.

Fukuyama, F. (2004). The Neoconservative Moment. The National Interest , 57-68.

Is this the End of U.S. Capitalism? (2008, September). Al-Jazeera Online .

Kristol, I. (2004). The Neoconservative Persuassion. In I. Steltzer, Neocon Reader. New York: Grove Press.

Kristol, W. (2004). Postscript - June 2004: Neoconservatism Remains the Bedrock of U.S. Foreign Policy. In I. Stelzer, Neocon Reader. New York: Grove Press.

Kristol, W., & Kagan, R. (2004). National Interest and Global Responsibility. In I. Stelzer, Neocon Reader. New York: Grove Press.

Parraguez Kobek, M. L. (2007). El Vuelo de los Halcones: La Globalización Neoconservadora Estadounidense. In J. L. Orozco, ¿Hacia una Globalización Totalitaria? (pp. 225-246). Mexico City: Fontamara.

Parraguez Kobek, M. L. (2008). Freedon is not Free: Estados Unidos, Libertad y Seguridad Post 11/9. Enfoques , 87-111.

 

 

 

 

 

 



[1] There are other elements of relevance to this analysis of legitimacy that were not written due space restrictions, such as patriotism, technological development, and economic preeminence that must be taken into account.

7 de octubre de 2008

Ingobernabilidad en México: Calderón en Apuros

El siguiente es un fragmento de un artículo que escribí en co-autoría con Enrique Paredes, y que esperamos sea publicado el próximo mes en una revista académica de prestigio. Este fragmento se encuentra todavía sujeto a revisiones metodológicas, gramaticales y sintácticas, sin embargo lo considero satisfactorio para términos prácticos. El artículo versa sobre los puntos de quiebre entre el ejecutivo federal y el gremio empresarial con casos de secuestros como el de Eugenio Garza Sada en Monterrey, de Fernando Aranguren en Jalisco, y el caso reciente de Fernando Martí en la Ciudad de México. 


En el caso de Fernando Martí en el verano de 2008, existieron una serie de fenómenos sociales muy interesantes. En primer lugar, el gremio empresarial ejerció su poder de presión hacia el gobierno federal, obligándolo a reaccionar frente a la ola de secuestros y asesinatos que se habían incrementado en el país. En segundo lugar, los medios de comunicación se encargaron de difundir el mensaje de unos pocos, de los empresarios, de la élite afectada. En tercer lugar, la sociedad civil secundó la iniciativa de los hombres de negocios afectados, realizando marchas en diferentes ciudades del país. Es así como la suma del reclamo empresarial, más la manipulación de los medios de comunicación en conjunción con la creciente preocupación ciudadana en torno al tema de seguridad pública fue una fórmula fatal para el presidente y su gobernabilidad.

Para comenzar, es importante destacar la preocupación por parte del gremio empresarial por encontrar a los culpables del delito. El padre de Fernando Martí, Alejandro Martí, dueño de la cadena de tiendas deportivas “Deportes Martí”, es un poderoso empresario mexicano. Su poder de presión hacia el gobierno federal, en concreto hacia Felipe Calderón Hinojosa, se hizo notar el día jueves de 7 de agosto. En aquél día, el presidente anunció su nueva estrategia de combate a los secuestros. En conferencia de prensa expuso que los secuestradores que privaran de libertad a menores de edad, o a  personas discapacitadas, y/o  que además mutilaran, o asesinaran a sus víctimas, serían objeto de cadena perpetua, así como todos aquellos secuestradores que fueran hubieran pertenecido a alguna corporación policiaca. La propuesta fue tachada de incompetente y de carecer de visión, pues en ella se hace la distinción entre lo que algunos medios denominaron “mexicanos secuestrables” y “mexicanos no-secuestrables” o “mexicanos de excepción”. También es curioso que la semana posterior a la divulgación de la culminación del secuestro de Martí, se hayan capturado a los presuntos culpables de dicho delito. El grupo fue el llamado “Grupo de la Flor”, y entre sus filas se encontraba una supuesta agente federal en activo.

Unos días antes, el 4 de agosto en una conferencia de prensa, el procurador general de justicia del Distrito Federal Miguel Angel Mancera Espinosa, hizo pública la sospecha que muchos mexicanos temían: la relación entre la policía y el crimen organizado. La declaración tuvo dos consecuencias, una directa y otra indirecta. La directa fue la reestructuración de la Policía Judicial (PGJDF), y la indirecta, que tuvo un impacto mucho más profundo, fue la de contribuir a la legitimación de la marcha del 30 de agosto en las ciudades más grandes del país.

Ahora bien, la marcha tiene una serie de implicaciones particularmente relevantes y paradigmáticas para nuestra sociedad. La primera y la más evidente de ellas, es que la marcha representa un reclamo generalizado por parte de la sociedad para hacer ver que el sistema político actual en México en términos de seguridad no está funcionando. La segunda y con creces la más relevante es el mal camino que comienza a tomar la sociedad civil en nuestra incipiente democracia. La relación que existe entre María Elena Morera y el Secretario de Seguridad Pública es sumamente preocupante. Por un lado, María Elena Morera, representante de México Unido Contra la Delincuencia (MUCD) ha sufrido un fuerte proceso de cooptación por parte del gobierno. Por el otro, el titular de la SSP, ha sabido mover las cartas en su favor para infiltrarse en los movimientos sociales de reclamo y oposición al gobierno.

En un discurso pronunciado por Morera el día 14 de junio de 2006 (disponible en línea en la página: www.mudc.org.mx), declara su fuerte relación con el secretario de seguridad pública mencionando que fue él quien, desde 2004, ha sido su mentor para la realización de las marchas en contra de la delincuencia. Esto es particularmente significativo si se considera el hecho de que las marchas han sido “moderadas”, en el sentido de que simplemente han sido manifestaciones de reclamo sin nombres y sin la búsqueda de culpables. Da la impresión de que Morera, junto con García Luna, así lo planeó. Además, en mayo de 2006, la presentación del libro titulado “’¿Por qué 1661 corporaciones de policía no bastan?”, en el Hotel Sheraton Alameda del centro histórico de la Ciudad de México, fue encabezada por Genaro García Luna y dos de sus más cercanos colaboradores. Uno de ellos fue Jorge Tello Peón, quien fue subsecretario de seguridad pública durante los primeros años de la administración de Vicente Fox. Tello renunció en febrero de 2001 tras la fuga de Joaquín “El Chapo” Guzmán del penal de alta seguridad Puente Grande en Jalisco, solamente dos horas después de la visita del subsecretario a la prisión. Otro de los presentes en la mesa de honor de Morera fue el no menos controversial Wilfrido Robledo, uno de los principales responsables del incidente de San Mateo Atenco.

La cooptación de Morera se vuelve aún más notoria cuando, en septiembre de 2008, se publicaron dos hechos comprometedores. El primero es el de la contratación del hijo de Morera en la SSP, cuando ni siquiera ha terminado su preparación universitaria. El segundo de los elementos es la creciente ayuda financiera que recibe MUCD por parte de la SSP, y que el promedio mensual de las aportaciones supera los 100 mil pesos (dicha información puede ser confirmada en la página: www.ssp.gob.mx en el apartado denominado “Donativos a Organismos de la Sociedad Civil”). Todo ello indica el creciente interés por parte del gobierno en general, y de Genaro García Luna en particular, por infiltrarse en la Sociedad Civil. Esto resulta particularmente negativo en procesos de transición política, pues la Sociedad Civil debe mantenerse como una esfera ajena y totalmente independiente al gobierno, ya que representa un contrapeso importante para la toma de decisiones.

La realización de la marcha no le cayó bien a Calderón, pues ha contribuido a evidenciar su debilidad ante sus propios secretarios de gobierno y a exponer los graves problemas de gobernabilidad en nuestro país. La ingobernabilidad en el país se respira por todos lados: gobernadores más poderosos e impunes como Ulises Ruíz, Mario Marín, Emilio González Márquez, y Natividad González Parás, la creciente ola de violencia relacionada al narcotráfico, el aumento en la inseguridad, la colusión entre los jefes de las policías municipales con el narco, sus secretarios de seguridad, que como en el caso del  jefe de la SSP, hacen lo que les place, la oposición cada vez más radical, y la sociedad civil con cada vez más quejas ante el gobierno. Los efectos del caso Martí han ido mucho más allá de la simple violencia, incluso parece como si alguien lo siguiera alentando e incitando a su crecimiento. Entre el 27 y el 28 de agosto se publicaron una serie de notas haciendo alusión al posible derrocamiento de Felipe Calderón, algunos ejemplos son: Milenio, Ciro Gómez Leyva publicó el artículo “¿Llegó la hora de tirar a Calderón?”, Milenio, Joaquín López Dóriga con su artículo “¿De verdad lo quieren tirar?”, Milenio Ciro Gómez Leyva de nuevo publicando “Un otoño para tirar a Calderón”, La Jornada Julio Hernández expone una tesis similar en “Astillero”, finalmente Ricardo Alemán publica “Lanzada del narco contra Calderón”. La radio también fue espacio para el debate en ese sentido y los periodistas López Dóriga, Carlos Puig, Ciro Gómez Leyva, Denise Maerker y José Cárdenas entrevistaron tanto al presidente como a otros actores importantes sobre la posibilidad de destitución del jefe de estado.

El asunto del derrocamiento de Calderón de los Pinos ha ido en incremento, gente como Manlio Fabio Beltrones, Manuel Espino y Porfirio Muñoz Ledo han expuesto su opinión a favor de esta posibilidad. La falta de capacidad y de imaginación de Calderón, así como de sus secretarios, por establecer el orden en México ha llevado al país a una severa crisis de gobernabilidad. Las instituciones políticas no han hecho su labor, y las instituciones de la Sociedad Civil han sido objeto de cooptación. Con este panorama, la transición hacia una verdadera democracia en México se opaca y se aleja cada vez más como aquél año 2000, año de la alternancia de partidos, pero no de política y mucho menos de democracia. 

23 de septiembre de 2008

US and the post-1989 world

Este es un artículo de mi autoria. Me parece que es interesante por la crítica en torno a la concepción hegeliana de la historia de Fukuyama. Me permití agregar todas las citas, notas al pie y la bibliografía en caso de que alguien quiera profundizar más en el tema. 


US Political Thought at the End of the Cold War

When the first colonies were established in the American territory, the basic definitions of the new country came along with the settlers. These concepts are the founding principles of today’s US domestic and foreign policy. The very first values of the new colonies were conceived under what Morris Berman calls “the rejection of something else” (Berman, 2007 p. 1). This means that these values intended not to be the same as those from Great Britain. In this sense, many new institutions were born under what is called the “American exceptionalism”, meaning that the new colonies were based upon liberty, democracy, equality before law, private property, institutionalism, and eventually, with the independence of Great Britain, constitutionalism. The new settlers thought that these values were essentially different from those in Europe, and that this would lead their nation to have more free individual development.

American exceptionalism works as the inner machinery of today’s world hegemonic power. For us to understand it better, it is important to establish two levels of analysis. The first one is rhetoric. This is the most important element in politics because, by definition, it does not need any other proof than that of believing. Rhetoric is used by the American government to tackle two different entities: the voters and the international system. For the voters, this discourse is centered on the founding values of the nation, trust in the government, and religion. Most of Americans still believe what John Winthrop said back in 1630 “we must consider that we shall be as a City upon a Hill” (Berman, 2007 p. 8). This concept embodies a belief and a judgment of what the government should do regarding foreign policy, and thus legitimizing its activities. Moreover, as Berman takes from Robert Bellah, this has been the basis for a “civil religion” (Berman, 2007 p. 6). This conception has its origin in the idea that America should be “the Israel of our time” (Berman, 2007 p. 7), and the thought that, by means of Manifest Destiny, America should democratize the world. As we note, many of the Americans base their votes on this rhetorical discourse.  For the international system, rhetoric is linked to the impression that America should be the Good Samaritan of the world, by bringing democracy to every country on the globe. 

The second level of analysis is realism. This is a very important concept because it provides a strong Machiavellian sense between rhetoric and reality. The US dominated the international arena during the 20th century as Henry Luce notes in his writings[1]. He states that it has become the most powerful nation by the end of the Cold War, and certainly it has been the most controversial. For the American power elite, as Mills states, the distinction between the rhetorical argument of spreading democracy for the sake of peace and freedom, and the reality of increasing profit and power is very clear[2]. Manifest Destiny is used only as a pretext for their economic expansion. In this sense, and essentially different from the conception of Fukuyama’s Hegelian dialectic, the US (thesis) needs to find enemies (antithesis) in order to continue improving their economy (unilateral synthesis)[3]. These enemies are only found by opposing to their economic and political regimes, as Lorenz Baritz indicates (Berman, 2007 p. 8).

 

1989 and the Transition Years

After the Berlin Wall fell apart and the USSR disappeared from the international arena as the Soviet threat to the US, America has become the most powerful country in the world. As the new hegemonic power, two main scholars have analyzed the transition from the bipolar era to the unipolar one. First, Fukuyama’s Hegelian perception of history is that during the Cold War there was an antagonism between the capitalist block (thesis) and the Soviet bloc (antithesis). This gave birth to a new ultimate stage of world politics in the post-Cold War era called “Western Liberal Democracy” (synthesis). Nonetheless this conception is essentially wrong. Hegel’s perception of dialectic has to do with syncretism, i.e. two opposing entities converge into a more sophisticated entity called synthesis. This does not happen in the post-Cold War era because the thesis took over the antithesis completely, leaving no space for syncretism at any level (ideology, politics, economy, military, and social), and regarding all soviet-communist values as a complete failure.

Second, Samuel Huntington, a well-known and respected scholar just as Fukuyama, has also tried to explain and maintain US hegemony in the new century. He has been criticized for his lack of knowledge in the definition of the world’s dominant cultures, and his combination of religion and culture within the same category. However, his concept of US domination is more realistic than the proposal of Fukuyama’s End of History.  It is more realistic because he does not find any synchronic element with other cultures. On the contrary, he states that the US is permanently threatened by all other different religions and countries, most especially Islam. Furthermore, Huntington realizes that the US has to find a dialectical path in order to keep the economic and political control over the world. This means that the US has to find new enemies in order to survive. His thesis is completely anti-democratic, and might be confusing for those who mix rhetoric with reality. The Italian philosopher, and specialist on democracy, Norberto Bobbio, concurs with Mill’s argument that democracy and technocracy (elite government) are antithetical (Bobbio, 1984 p. 41). In the “Power Elite”, Mills states that the power elite can be understood by sets of structural trends: “The military capitalism of private corporate exists in a weakened and formal democratic system containing a military order already quite political in outlook and demeanor” (Mills, 1956 p. 276). The US might be a bit democratic regarding domestic issues, but in the external sector it is clear that they have no commitments, other than economic.

 

The Rise of US Hegemony and the Post-Cold War

Charles Krauthammer was one of the first scholars to state that the post-Cold War was a “unipolar moment”. He described the international system as controlled under the American leadership, and that no other country represented a threat for the US. His argumentation has set the basis for the 21st century American foreign policy. He notes that new, more aggressive, small armed nations will emerge as a threat to the US (Ferguson, 1990/91 p.1). This has been the groundwork for the Powell-Weinberger Doctrine, by which any suspicious State will be regarded as an enemy under Bush’s War on Terror. During this period of unipolarity, the US has tried to find allies that legitimize their military actions. However, whenever there is a lack of consensus, the US ignores this and strikes e.g. the Iraq invasion of 2003. This behavior has had an impact on scholars like Niall Ferguson, who considers the US not to be a Hegemony, but rather an Empire. He says that the term “Empire” is normally related to abuse, and permanent military occupation (Ferguson, 2003 p. 1). Of course, the US government does not appreciate the expression, because it is opposed to the rhetoric of the Good Samaritan of the world. For Ferguson, the US is an Empire that pursues its own interests through military, economic, political, social and cultural influence. Here, the most important concept is violence, for this is required to keep their economic influence in those places that represent an opposing ideology to liberalism.

 

Sources:

 

Berman, Morris. «Locating the Enemy: Myth vs. Reality in U.S. Foreign Policy.» The Grace A. Tanner Lecture in Human Values. Utah: Souther Utah University, 2007.

Bobbio, Norberto. «El futuro de la democracia. » Turin: Fondo de Cultura Económica, 1984.

Ferguson, Niall. «Hegemony or Empire?» Foreign Affairs (2003).

Fukuyama, Francis. «The End of History?» The National Interest (1989).

Huntington, Samuel. «The Hispanic Challenge.» March 2004. Foreign Policy. September 20, 2008 .

Krauthammer, Charles. «The Unipolar Moment.» Foreign Affairs (1990/90).

Luce, Henry. «The American Century.» LIFE (1941).

Wright Mills, C. The Power Elite. New York: Oxford, 1956.

 



[1] From “The American Century” (1941) by Henry R. Luce published in LIFE magazine.

[2] Taken from “The Power Elite” (1956) written by C. Wright Mills.

[3] This is largely explained on his text: “The End of History?” (1989) published on The National Interest magazine.

22 de septiembre de 2008

Artículo de Proceso

Pongo este link a un reportaje de Álvaro Delgado de Proceso. Es un artículo interesante sobre las carencias, los errores y los malos manejos de la administración de Calderón. Es de particular interés el párrafo donde aborda la confusión discursiva en torno al combate a los criminales que tanto causa división entre la población.

http://www.proceso.com.mx/opinion_articulo.php?articulo=62412


4 de septiembre de 2008

SPPNA

Es verdad, lo evidente no existe, sin embargo, de vez en vez lo olvidamos. También es verdad aquél enunciado que dicta: "El menos común de los sentidos es el sentido común", y me refiero a ambos axiomas de la vida cotidiana con gran preocupación. Resulta pues que, en un acalorado debate sobre el llamado Security and Prosperity Partnership of North America (SPPNA), o TLCAN Plus, algunas personas sostenían que era perfectamente válido que no se consultara a la población sobre las decisiones que el poder ejecutivo (Felipe Calderón y sus homólogos de Canadá y Estados Unidos) tomará al respecto. El SPPNA, como su nombre lo indica, no es un tratado sino una simple "asociación" de cooperación en términos militares, de inteligencia y además una mejora (para los empresarios de los tres países evidentemente) al TLCAN en materia económica. Ahora bien, en política como en el matrimonio, uno debe prestar particular atención a las palabras utilizadas. Resulta pues que la diferencia legal que existe entre un acuerdo o tratado y una asociación es que cuando un representante de un Estado (Secretario de Economía para el caso de la firma de un acuerdo comercial, un grupo de negociadores, o incluso el presidente mismo) firma un tratado, es necesaria la ratificación de la cámara de senadores (para el caso de México), esto significa que habrá concenso sobre la decisión y por lo tanto será legítima. En el caso de las asociaciones esto no sucede así, el presidente no avisa ni a los legisladores ni a la población. Hay muchas lecturas que se le puede dar a esta situación, sin embargo me centraré unicamente en hacer un análisis que responde al argumento absurdo de una persona implicada en el debate. Yo pensaba que la respuesta era obvia, pero me dí cuenta que no.

El argumento fue el siguiente: "Está bien que el presidente no consulte a la población en lo que respecta a la negociación del SPPNA, pues la mayoría de las personas en México ni siquiera sabe leer, además, entre los que saben leer muy pocos concen de política. Por lo tanto en necesario dejar en manos de los expertos estas decisiones tan importantes."

Y mi respuesta es la siguiente:

Es una pena que una persona que dedicará su vida a la ciencia política venga y exponga argumentos poco reflexionados, sin conocimiento alguno sobre la democracia, pretenciosos, inocentes, y lo peor, que lo diga en voz alta. En primer lugar hay que comprender qué es la democracia. Resulta que ese concepto tan de moda se refiere a quién y bajó qué procedimientos está autorizado para tomar decisiones relevantes a la mayoría de los representados. Así de básico, así de simple. Cuando nos referimos a quién está autorizado para tomar decisiones, nos referimos a los funcionarios públicos que fueron electos mediante el sufragio de la población en condiciones de votar. Ese "Quién" está conformado por un número elevado de miebros que se llama Congreso de la Unión, que a su vez se compone de dos cámaras: La de diputados y la de senadores. El problema en México no es tanto quién está facultado para decidir (hago énfasis en "No tanto", aunque sabemos que sí es un problema muy grande), sino bajo qué procedimientos. En este caso es claro que la decisión del presidente es anti-democrática, no representativa e ilegítima (y sigue la mata dando). Con el advenimiento de la transición democrática en nuestro país se han hecho cada vez más evidentes los engranajes oxidados de nuestras institituciones y sus procedimientos de representación. Ahora bien, con este concepto un poco más claro podemos continuar. En segundo lugar, el que la población del país no sepa leer o no entienda por completo lo complejo de la política no significa que no deba ser consultado para la toma de decisiones, aunque no sea de manera vinculatoria. Al respecto del ciudadano no educado, el filósofo político italiano Norberto Bobbio hace la siguiente anotación: "La democracia se rige por la regla de la mayoría, que es el remedio para la tiranía. La partiticpación de todos los miembros de la sociedad es un imperativo en ese sentido. Para el caso de la población ignorante, el ejercicio del voto es una forma de educación, pues comenzará a darse cuenta de la implicaciones que la política tiene su vida cotidiana." Si no se consultara a la población en general, entonces sería tener una democracia pasiva y eso significaría un retroceso en todos los sentidos. La tecnocracia (el gobierno de los expertos) y la democracia son antitéticas, es decir, no pueden ser parte de un mismo régimen político que se jacte de democrático. Esto se debe a que la población estaría gobernada por una élite que no permitiria la participación y no se preocuparia por la consulta y la representación de los ciudadanos. Además, en ningún momento se ha dicho que para el caso del SPPNA se deba consultar a toda la población. Existe una Sociedad Civil que se preocupa directamente por las negociaciones de dicha asociación, y es esta misma sociedad civil que pide
consideración.

Parece que cuando los estudiantes van a sus clases no se preocupan más que en pasar los exámenes, olvidan lo importante de la aplicación de la teoría en la vida real y exponen argumentos sin sentido, déspotas y además engreidos. Ojalá que esto cambie pronto, solo así podremos hacer una verdadera reforma institucional, y de los procedimientos de representación que tomen en cuenta a todos los que vivimos en este país.

20 de agosto de 2008

Ode an die Freude

¿Presientes al Creador, mundo?
¡Búscalo sobre la bóveda celeste!
¡Él ha de morar sobre las estrellas!

Friedrich von Schiller

16 de agosto de 2008

Für ein militanten Pazifismus

"Was ich sonst mache oder sage, kann die Struktur des Universums nicht ändern. Aber vielleicht kann meine Stimme der grössten Sache dienen: Eintracht unter den Menschen und Friede auf Erden."

"Lo que sea que haga o diga no cambiará la estructura del universo. Pero tal vez mi voz pueda servir a lo más grande: armonía entre los hombres y paz sobre la tierra."

Albert Einstein (unbekanntes Jahr)

8 de julio de 2008

Qué tal si...

Se dice que el hubiera no existe, pero para la política en México parece que el hubiera lo es todo, al menos en su nivel más elemental y superficial. Concretamente, me estoy refiriendo al binomio Andrés Manuel/Felipe Calderón. Andrés Manuel aún no ha muerto para la política cotidiana del país (y seguramente no lo hará en mucho tiempo). Por política cotidiana me refiero a la política del día a día, de los cuidadanos, de los mexicanos. Es muy común que cuando alguien manifiesta su rechazo por Felipe Calderón o por Andrés Manuel, surgan las suposiciones sobre qué hubiera pasado si... AMLO hubiera sido presidente de México (con el perdón de quienes piensen que lo es, y me incluyo).

En primer lugar, y antes de comenzar con el análisis sobre las posibilidades de aquél intrigante presente alterno, haré énfasis sobre lo corrosivo para el desarrollo político del país de dichas suposiciones. El origen de las creencias políticas en torno a los personajes de la vida pública del país es decepcionante. Por un lado se encuentran los medios de comuniación, que en vez de informar se encargan de asustar a la población con spots falaces, sesgando la información, otorgando preferencias a los candidatos que más les convengan, o peor aún, con los que (anteriormente) más dinero les daban o tenían. Por el otro lado está la falta de interés político de la población. Una población que aún no logra encontrar el vínculo de la política con su vida diaria, por lo tanto, todos los asuntos de interés nacional se quedan solamente a nivel general y no logra alcanzar el nivel individual que tanto requiere. Es así como la combinación fatal de los medios de comunicación con la falta de politización de la población, dan origen a creencias, suposiciones y demás estereotipos sobre la política del país.

En segundo lugar está la misma naturaleza de los supuestos. Supuestos, que por el sesgo de origen, son irracionales, provienen de una falta de conocimiento histórico inmediato del país, y tienen serias repercusiones. Ellas desencadenan dos eventos fatales. El primero de ellos es la radicalización. Para los radicales de cualquier bando la oposición como la conocemos no debería existir, pues supone trabas para sus esquemas políticos. Es claro que uno de los principios democráticos más básicos es la importancia de la oposición, pues eso hace la diferencia entre un gobierno autocrático de uno más plural. Ahora bien, la pluralidad es importante para la legitimidad de los gobiernos, pues ésta genera concenso entre la población. Sin embargo, con partidos radicales en el páis pensar sobre concenso es solamente un lindo sueño. La segunda tragedia para nuestra política es la división, pues se deriva directamente de la radicalización. Un gobierno dividido significa un gobierno impotente, situación clara para el gobierno de Felipe Calderón. Su gabinete es uno de los más herméticos que ha tenido México. Solamente sus más cercanos tienen la posibilidad de dirigir el esquema político del país, y cuando alguno de ellos (como Mouriño) comienza a gangrenar al organismo, se prefiere hacer caso omiso en vez de cortar y encontrar una prótesis que le permita vivir. Ejemplos de división en México hay demasiados, lo importante es entender que este fenómeno no es algo positivo.

El día de hoy el Washington Post publicó un artículo basado en la pregunta de un ciudadano estadounidense. Aquél despistado llamado Gordon Schesel preguntaba que si Al-Gore hubiera sido presidente de Estados Unidos en 2000, los ataques del 9/11, la guerra con Afganistán y la guerra de Irak no hubieran sucedido. Sintéticamente, la respuesta del periodista Andrés Martínez fue la siguiente (Son solamente los puntos más destacados y la versión que proporciono es resumida, es claro que los orígenes de las guerras y los eventos del 9/11 son mucho más complejos):

Los eventos del 9/11 sucedieron en gran parte for fallas de inteligencia, en el extranjero y en el país, en aeropuertos, en embajadas, en las capitales de otros países, y básicamente a que la administración de Bush consideró correcto el esquema de seguridad establecido desde la presidencia de Clinton, junto con el jefe de la CIA George Tenet.
La guerra con Afganistán por lo tanto sería consecuencia lógica de los eventos del 9/11.
La guerra con Irak pudo haber sido evitada, si bajo el supuesto gobierno de Gore se hubieran destinado más recursos con Afganistán para capturar a Osama Bin-Laden, entonces se hubiera considerado seriamente no ir a guerra con Irak.
Además dicha guerra tenía sus bases en el gobierno de Clinton, cuando se acusó a Saddam Hussein de poseer armas de destrucción masiva.

El artículo completo se puede encontrar en el siguiente link: http://blog.washingtonpost.com/stumped/ y se titula "Assessing the Gore presidency".

Lo importante de la respuesta del periodista del Washington Post es que a pesar de haber habido dos presidentes con visiones distintas sobre la política internacional, los resultados fueron los mismos. Esto se debe a dos situaciones muy particulares. La primera es que los eventos históricos van construyendo el futuro, es decir, existe una inercia histórica muy fuerte que genera eventos ineludibles. La segunda y más importante aún, es que la diferencia entre política nacional y política internacional debe ser tomada seriamente en consideración. Esto se debe a que los actores de toma de decisiones como jefes de Estado, gabinetes, instituciones, etc. Tienen diferentes relevancias a diferentes niveles de política. Por ejemplo, el presidente Hugo Chávez, de izquierda política, tiene serios roces con el presidente George Bush, de claro corte neo-liberal. Sin embargo, sus relaciones comerciales se encuentran mejor que nunca, especialmente en el sector de los energéticos. Esto significa que a pesar de tener fuertes divisiones ideológicas, es más fuerte la relación comercial entre los dos. Por lo tanto, es posible concluir que mientras haya razones de peso para continuar con la relación, por muchas diferencias que haya, se continuará.

Para el caso mexicano sucede lo mismo. Si AMLO hubiera sido presidente, probablemente hubiera cambiado mucho el esquema nacional. Se hubiera dado prioridad a sectores más populares, hubiera habido más presión al sector empresarial y el gobierno hubiera tomado tintes (pero solo tintes) de una izquierda más fuerte. A nivel internacional, dudo mucho que hubiera habido serios problemas tanto en lo político como en lo económico. En gran parte porque los que toman las decisiones internacionales no solamente son los presidentes, sino también la cámara de senadores, donde el PRD no es mayoría. Un posible contra-argumento es que el mismo FAP demeritó a las instituciones, seguramente una coalición entre el PAN y el PRI hubieran hecho lo mismo para frenar cualquier cosa que no les pareciera. En lo económico la relación con otros países seguiría siendo casi la misma, pues México tiene firmados cerca de 43 TLC's y acuerdos bilaterales de cooperación. Donde sí hubera cambiado la situación es con las televisoras, aunque sin duda hubieran reaccionado, y como hasta ahora, y como dice la canción "con dinero y sin dinero hacen siempre lo que quieren, y su palabra es la ley," pues son los reyes de México.

26 de junio de 2008

Del Hacedor

Argumentum Ornithologicum

CIERRO LOS OJOS y veo una bandada de pájaros. La visión dura un segundo o acaso menos; no sé cuántos pájaros vi. ¿Era definido o indefinido su número? El problema involucra el de la existencia de Dios. Si Dios existe, el número es definido, porque Dios sabe cuántos pájaros vi. Si Dios no existe el número es indefinido, porque nadie pudo llevar la cuenta. En tal caso vi menos de diez pájaros (digamos) y más de uno, pero no vi nueve, ocho, siete, seis, cinco, cuatro, tres o dos pájaros. Vi un número entre diez y uno, que no es nueve, ocho, siete, seis, cinco, etcétera. Ese número entero es incocebible; ergo, Dios existe.

Jorge Luis Borges (1960)

16 de junio de 2008

Para la reflexión

De Werther (1774) de J.W. Goethe:

Del 6 de diciembre del mismo año;

¿Qué es el hombre, ese semidiós ensalzado?¿No le falta la fuerza cuando más la necesita? Y cuando abre las alas en el cielo de los placeres, lo mismo que cuando se sumerge en la desesperación, ¿no se ve siempre detenido y condenado a convencerse de que es débil y pequeño, él, que esperaba perderse en el infinito?

Was ist der Mensch, der gepriesene Halbgott! Ermangeln ihm nicht eben da die Kräfte, wo er sie am nötigsten braucht? Und wenn er in Freude sich aufschwingt oder im Leiden versinkt, wird er nicht in beiden eben da aufgehalten, eben da zu dem stumpfen, kalten Bewußtsein wieder zurückgebracht, da er sich in der Fülle des Unendlichen zu verlieren sehnte?

18 de mayo de 2008

Comercio, México y Estados Unidos ante los problemas de renegociación del TLCAN

No hay duda de que el comercio internacional genera beneficios para los países que participen activamente en él. El principio de ventaja absoluta de Adam Smith y el de ventaja comparativa de David Ricardo representan las bases más generales de dicho comercio. Con estas bases la mayoría de los países han evolucionado de sociedades mercantilistas a sociedades más abiertas en el aspecto económico. Para el caso particular de México, las relaciones económicas con Estados Unidos son particularmente importantes, pues es nuestro primer socio comercial, el país más poderoso del mundo y nuestro vecino del norte. En 1994 entró en vigor uno de los tratados más importantes para México en lo que respecta a sus relaciones económicas internacionales, es el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN). El TLC tiene como objetivo principal crear una zona de libre comercio que beneficie a los consumidores de los tres países con base en el principio de ventajas comparativas, de esta forma, los productores de la zona podrán encontrar mercados más grandes para sus productos y por lo tanto mejorar sus ingresos. La zona plantea la gradual eliminación de barreras tanto arancelarias como no arancelarias para el libre tránsito de las mercancías producidas en la región. Originalmente se plantearon tres etapas para la eliminación de las barreras tomando en consideración la importancia estratégica de algunos productos, los que conservarían algunas medidas proteccionistas hasta el año 2008. El tiempo de eliminación de barreras ha expirado, los resultados de 14 años de entrada en vigor del tratado están disponibles para cualquier curioso de la economía nacional, investigadores, políticos y cualquier persona que desee conocer el estatus económico del país.
Existen muchas perspectivas sobre lo que han significado las gráficas, las largas series de datos, los números, las cuentas, los pagos, el superávit comercial con Estados Unidos principalmente, la migración, el bienestar, y en general lo que vivimos día a día en México con relación al tratado. Ambas perspectivas han tomado tristemente una radicalización política reduccionista casi irreconciliable. Y es que la economía no puede ser comprendida sin la política y viceversa. Todavía a mediados del siglo XX, en la física se estudiaba al magnetismo separado de la electricidad, pero se descubrió que debían ser estudiadas como un mismo ente debido a su estrecha relación, es decir, ahora se estudia el electromagnetismo. Lo mismo pasa con la política y con la economía, no pueden ser estudiadas a cabalidad por separado. En México esto es uno de los problemas más graves en relación con el rumbo que deba tomar el país en el área de sus relaciones comerciales internacionales. La izquierda mexicana se encuentra dividida y fragmentada como siempre, no tiene la más remota capacidad de conciliar intereses al interior, situación que nos hace pensar ¿entonces como podrían llevar a cabo negociaciones a nivel internacional? Además existe un representante de izquierda que ha llamado a la desobediencia civil y a la falta de respeto a las instituciones, que nos hace pensar ¿podemos confiar en alguien así? La derecha por su parte no encuentra otra forma de legitimidad que utilizar a los medios de comunicación en su favor y crear todo un ambiente de desinformación. Considera que las fuerzas del mercado por sí mismas habrán de llevar al país a un mejor destino, como si la historia de 1982 a la fecha no hubiera existido. En el periodo comprendido entre 1970 y 1982 con un régimen de control al comercio exterior el crecimiento anual del PIB fue del 6.9%, en contraste con el régimen de apertura unilateral de 1993 cuando el crecimiento del PIB fue de 1.6%. Además sobran ejemplos de corrupción, duopolios mediáticos, monopolios telefónicos, malos servicios bancarios, bajos salarios de los trabajadores, descontento social y deterioro general. Esto también ataca a lo que defiende la izquierda con sindicatos mañosos, corruptos, minorías arcaicas, etc. Y todo aquello, ¿necesariamente significa que las fallas de unos deban ser argumento suficiente para demeritar sus argumentos? Parece que en México sí. No es un asunto de perdonar, o de negar al otro simplemente por pensar diferente, es actuar.
El problema de México como en muchos otro países es el de la conciliación de los intereses privados con los públicos. Hay dos perspectivas como se mencionó anteriormente: la del Estado Mínimo y la del Estado Interventor. Lo que hay que entender es que para que México pueda ser competitivo a nivel internacional en un mundo globalizado, sin dejar a un lado el desarrollo social se deben encontrar estrategias conjuntas. La gobernabilidad en México mucho tiene que ver con el desarrollo de la economía en la medida en que se logre ajustar a nivel nacional los interés públicos formales (el Estado) los públicos informales (la sociedad civil) con los privados formales (capital privado). A nivel internacional también se deben tomar en cuenta los nuevos actores en la toma de decisiones como las organizaciones no gubernamentales, las empresas transnacionales, y los organismos intergubernamentales. Todo ello desembocará en mejores planeaciones, un nivel mayor de democratización de las instituciones, mejoramiento institucional, consolidación de legitimidad de los decision-makers, y consenso en la población.
Pero, además hay problemas “del otro lado”. Parce que los candidatos demócratas a la presidencia de Estados Unidos, Barack Obama y Hilary Clinton piensan dar marcha atrás al TLCAN. Que lo hagan significa dos cosas para México. La primera es que no necesariamente sería una renegociación beneficiosa para el país, seguramente si a ellos no les parece algún aspecto del tratado, es porque afecta sus intereses y no los nuestros. Así que para todos aquellos anti-tratado-de-libre-comercio, no necesariamente son buenas noticias. La segunda es que debemos prestar total atención. Nos guste o no, tenemos un superávit comercial con el país más grande del mundo en gran medida gracias al tratado. Que se “eche para atrás” significaría para México un mayor deterioro en la balanza comercial con aquél país, que curiosamente es nuestro principal socio comercial. Sabemos que ambos candidatos han incurrido en fallas discursivas, incongruencias y demás, pero eso por el momento son especulaciones, lo que importa en realidad es lo que piensan ahora.
Finalmente, hay un párrafo particularmente interesante en el texto de John Bailey titulado “Réquiem por el libre comercio” que dice: “Si el gobierno de Estados Unidos pierde el interés en promover el comercio, es difícil pensar dónde podría provenir el liderazgo en materia de política comercial”. A principio de los años 80 Robert O. Keohane, un reconocido académico escribió la “teoría de la estabilidad hegemónica”, donde plantea que en gran medida la estabilidad monetaria, económica, petrolera y comercial dependían de Estados Unidos. Sin embargo, en sus notas finales argumenta que a pesar de que EU pierda interés en el comercio, difícilmente podría desencadenar algún cambio brusco en la estructura política. No obstante, es una tesis interesante puesto que nos hace reflexionar sobre la gran dependencia que tenemos con aquél país, sobre el rol paternalista que ha tomado su política exterior hacia México y sobre el papel de liderazgo en la región. México no debería solamente depender de EU para el comercio, el sur del continente representa un gran mercado para los productos nacionales, y no debería perder de vista que, cualesquiera que sean las políticas que tome con respecto a la apertura comercial tiendan a la mayor apertura posible, pero haciéndolo con cuidado, con meditación, con información, con interés. Después de todo México lo vale.

28 de abril de 2008

Aspectos más importantes de la iniciativa de reforma a Pemex

Sin duda alguna la iniciativa de reforma a Pemex es un documento tecnico de difícil comprensión para la mayoría de la población. Como todo documento normativo, esta reforma tiene sus bases en tecnisismos jurídicos muy especializados y hace referencias a numerosas leyes orgánicas y dependencias gubernamentales que tienen directa incidencia en el desempeño de Petróleos Mexicanos. Es por esta razón que el presente texto tiene la intención de exponer los puntos más controversiales de la iniciativa planteada por el gobierno federal para incitar al cuestionamiento y a la reflexión.
Tras una exhaustiva revisión de la iniciativa de reforma, hemos encontrado los siguientes puntos controversiales. Básicamente se dividen en los siguientes rubros: Autonomía de gestión, inclusión de actores, organigrama y licitaciones. Es claro que todos los conceptos se interrelacionan, pero la división ayuda a la comprensión del documento.
Se sabe que parte del discurso oficial es que no habrá privatización. Con respecto a este punto, numerosos analistas de gran prestigio en México han descubierto que, en una gran demostración de manejo lingüístico y gramatical, el gobierno ha logrado encubrir dicho término y sustituirlo por sinónimos tal vez más graves. En primer lugar con respecto a la organización propuesta por el gobierno federal se establece lo siguiente: Habrá un Consejo de Administración compuesto por 15 individuos, 4 de ellos serán profesionales técnicos 2 permanentes y 2 rotatorios, 6 serán representantes directos del Estado elegidos por el presidente, y 5 representantes sindicales. Cabe destacar que dicho Consejo no podrá sesionar si la cantidad de representantes del Estado es menor a la cantidad de representantes sindicales. Con 10 representantes del Estado y 5 sindicales cabe preguntarse si el equilibrio en la cantidad es justo. También se pretende designar a un presidente del Consejo de Administración, que será elegido por el presidente de la república y será el titular de la Secretaría de Energía. También se creará la figura de un Comisario encargado básicamente de la protección de los intereses de los tenedores de títulos, pero que no tendrá voto en las decisiones del Consejo. El Director General conservará la mayoría de sus facultades hasta ahora delegadas. Hasta ahora, la mayoría de los cargos importantes están designados por el titular del poder Ejecutivo y provoca el cuestionamiento siguiente: ¿Qué implicaciones políticas y de libertad de gestión existen en cargos designados directamente por el presidente sin ninguna oposición?
En el mismo nivel de jerarquía existen los organismos subsidiarios como Pemex-Exploración y Producción, Pemex Refinación, Pemex Gas y Petroquímica Básica y Pemex Petroquímica, y los organismos filiales. Ambos organismos poseen una regulación muy hermética y no permiten en algunos casos su verificación.
En cuanto a las responsabilidades de los altos puestos de Pemex llama la atención el siguiente apartado:
"Artículo 36.- Los miembros del Consejo de Administración NO incurrirán, individualmente o en su conjunto, en responsabilidad por los daños o perjuiciios que llegaren a ocasionar a Petróleos Mexicanos y sus organismos subsudiarios, derivados de los actos u omisiones que ejecuten o las decisiones que adopten, cuando actuando de buena fe se actualice cualquiera de los supuestos siguientes: (...)" Es decir, no se responsabilizan por cualquier percance que pueda sufrir la paraestatal a causa de sus decisiones, puesto que estaría más allá de sus capacidades de predicción.
En cuanto a la deuda pública de Pemex en el apartado titulado "Régimen especial de operación de Petróleos Mexicanos" Sección I Apartado A. De la deuda, llama la atención lo siguiente:
Artículo 38 apartado I "Enviará sus propuestas de financiamiento a la SHCP (...)" y posteriormente en el apartado II dice "Podrá realizar, SIN REQUERIR AUTORIZACIÓN de la SHCP, negociaciones oficiales, gestiones informales o exploratorias sobre la posibilidad de acudir al mercado externo de dinero y capitales: contratar los financiamientos externos que se requieran o que se concierten en moneda extranjera, así como contratar obligaciones constitutivas de deuda" Es decir, se envia una proposición, pero solamente es simbólica puesto que gozará de total libertad y de ausencia de verificación. Osea, se privatiza, pero no se dice, este no es el único artículo en el que se hace referencia a este punto, pero por cuestiones de espacio no se mencionarán.
Finalmente en lo que respecta a las licitaciones el artículo 45 establece que "Petróleos Mexicanos y sus organismos subsidiarios, bajo su responsabilidad y previo dictamen correspondiente, podrán optar por no llevar a cabo el procedimiento de licitación pública y celebrar contratos a través de los procedimientos de invitación a cuando menos tres personas o de adjudicación directa, en los casos siguientes: (...)" Osea que en determinados casos no se harán licitaciones, puesto que las circunstacias dependen de la interpretación de las autoridades.
Hay muchos puntos más en los que se podría profundizar, como lo es la Verificación, la relación Ejecutivo-Consejo de Administración, Contratos de Riesgo, Transparencia y Bonos Ciudadanos. En una próxima edición se tomarán dichos temas, por lo pronto es suficiente materia de debate.